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  • Womens | MDCAG

    MIDWEST WOMEN'S MINISTRIES Button Welcome Welcome visitors to your site with a short, engaging introduction. Double click to edit and add your own text. Button Vision & Mission Vision Describe your service here. What makes it great? Use short catchy text to tell people what you offer, and the benefits they will receive. A great description gets readers in the mood, and makes them more likely to go ahead and book. Mission Describe your service here. What makes it great? Use short catchy text to tell people what you offer, and the benefits they will receive. A great description gets readers in the mood, and makes them more likely to go ahead and book. Our Team. This is your Team section. It's a great place to introduce your team and talk about what makes it special, such as your culture and work philosophy. Don't be afraid to illustrate personality and character to help users connect with your team. Ashley Jones Art Director Email: Don Francis Art Director Email: Alexa Young Art Director Email: Our Events I'm a paragraph. Click here to add your own text and edit me. Let your users get to know you. Button Button Button eventos de districto All District Events Address 500 Terry Francine St. San Francisco, CA 94158 Phone 123-456-7890 Email info@mysite.com Connect Give Now! Welcome visitors to your site with a short, engaging introduction. Double click to edit and add your own text. Button

  • Home Page | Midwest District Council

    La Visión: Ministros e Iglesias saludables que se multiplican en cada comunidad. – The Vision: Healthy Ministers and Churches that Multiply in Every Community. Landing Page New Page Acerca de Visión, Misión, Valores Oficiales ejecutivos Presbíteros Líderes de departamento Ministry General Men's Ministry Youth Ministry Projects General Landing Page New Link Próximos Eventos New Page About About Landing Page Landing Page Recursos del ministro Blog New Page New Page Contáctenos New Link 2024 Scholorship Application Search Results Event List MIDWEST DISTRICT COUNCIL V ision & M ission Our Vision The Vision: Healthy Ministers and Churches that Multiply in Every Community. La Visión: Ministros e Iglesias saludables que se multiplican en cada comunidad. Our Mission The Mission: To Engage, Encourage, Equip, and Empower Ministers and Churches. La Mision: Integrar, Animar, Equipar, y Empoderar Ministros e Iglesias. Our District The Midwest District Council of Assemblies of God is made up of 11 states: Michigan, Indiana, Illinois, Wisconsin, Minnesota, Iowa, Missouri, North and South Dakota, Nebraska and Kansas. Mover a los santos inactivos hacia un discipulado activo. En muchas de nuestras iglesias existe un desafío común: creyentes fieles que asisten, pero no están activamente involucrados en el discipulado, el servicio o la misión. Aman la iglesia. Creen en la visión. Pero en algún punto, su participación se volvió pasiva. Mover a los santos inactivos hacia un discipulado activo. En muchas de nuestras iglesias existe un desafío común: creyentes fieles que asisten, pero no están activamente involucrados en el discipulado, el servicio o la misión. Aman la iglesia. Creen en la visión. Pero en algún punto, su participación se volvió pasiva. Contact us – First Name Last Name Email Message Submit Thanks for submitting! MIDWEST DISTRICT COUNCIL (630) 519-4140 - Oficina (630) 519-3814 - Fax (630) 519-3814 - Fax 2001 Midwest Rd # 307, Oak Brook, IL 60523, EE. UU. © 2020 por Midwest District Council A / G

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  • Somos Mejores Juntos

    Cada junio, ministros, líderes e iglesias de todo el Distrito Midwest se reúnen para el Concilio Distrital. Aunque el programa incluye sesiones de negocios, servicios de adoración y desarrollo de liderazgo, quizás el mayor valor del Concilio sea algo mucho más sencillo: la conexión. En el ministerio es fácil aislarse. Los pastores cargan responsabilidades, las iglesias enfrentan desafíos y los líderes muchas veces dedican tanto tiempo a servir a otros que olvidan ser fortalecidos ellos mismos. Por eso es tan importante reunirnos. La iglesia primitiva entendía este principio. Hechos 2:46 nos dice que los creyentes continuaban reuniéndose regularmente. Su conexión fortalecía su fe, animaba sus corazones y les recordaba que formaban parte de algo más grande que ellos mismos. El Concilio Distrital es más que un evento anual. Es una oportunidad para reencontrarse con amigos, construir nuevas relaciones, celebrar lo que Dios está haciendo en nuestro distrito y ser animados por las historias de otros. Es un recordatorio de que ninguna iglesia está sola y ningún ministro sirve solo. Mientras perseguimos nuestra visión de Ministros e Iglesias saludables que se multiplican en cada comunidad, debemos recordar que la salud crece en comunidad. El ánimo, la responsabilidad mutua y la colaboración se encuentran cuando nos reunimos. Un Desafío Sencillo Mientras se prepara para el Concilio Distrital, venga con intención. Preséntese a alguien que no conoce. Comparta una comida con otro ministro. Anime a un pastor que pueda necesitarlo. Pídale a Dios que le muestre una nueva relación que desea desarrollar. Mientras ministros y líderes de todo el Distrito Midwest se reúnen, lo hacemos no solo para adorar, aprender y animarnos mutuamente, sino también para ayudar a dar forma al futuro de nuestro distrito. A través de conversaciones guiadas por la oración, decisiones bien consideradas y liderazgo colectivo, tenemos la oportunidad de ayudar a construir y dirigir el rumbo del Distrito Midwest para las futuras generaciones. Las conexiones que hacemos y las decisiones que tomamos hoy pueden tener un impacto que va mucho más allá de este Concilio. Esperamos verle en Rockford mientras adoramos juntos, aprendemos juntos y participamos en la importante labor de fortalecer y dirigir el Distrito Midwest. Juntos estamos invirtiendo en ministros saludables, iglesias saludables y un futuro donde el evangelio continúe alcanzando cada comunidad. Porque los ministros saludables y las iglesias saludables no se construyen en aislamiento, sino en comunidad.

  • Llamados a Crecer

    Al comenzar con el tema de este año, Llamados a Crecer, me he encontrado reflexionando sobre una pregunta sencilla: ¿Y si lo primero que Dios quiere hacer crecer no es nuestra iglesia, nuestro ministerio ni nuestra influencia, sino a nosotros? Como muchos de ustedes, he pasado años orando para que Dios haga crecer los ministerios que ha puesto en mis manos. He orado por un mayor impacto, equipos más saludables, un discipulado más profundo y más oportunidades para servir a Su Reino. Esas son buenas oraciones, y creo que honran el corazón de Dios. Pero durante los últimos años, algo ha despertado cada vez más mi curiosidad. ¿Y si, antes de que Dios expanda lo que nos ha confiado, primero desea profundizar algo dentro de nosotros? Al reflexionar sobre mi propio caminar en el ministerio, he descubierto que las temporadas de crecimiento rara vez han comenzado con nuevas estrategias, mejores sistemas o mayores oportunidades. La mayoría de las veces, han comenzado con el Espíritu Santo revelando con ternura algo en mi propio corazón que Él quería transformar. Esa realidad ha cambiado mi manera de orar. En lugar de solamente pedir: “Señor, haz crecer lo que me has confiado”, me he encontrado orando: “Señor, ¿qué quieres hacer crecer en mí?” Al comenzar juntos este camino, mi deseo no es ofrecer todas las respuestas. Más bien, quiero invitarnos a adoptar juntos una postura de reflexión. Mi oración es que estas conversaciones simplemente creen un espacio para que cada uno de nosotros pueda escuchar con mayor claridad lo que el Espíritu Santo quizá ya nos está diciendo a través de Su Palabra. Porque antes de que Dios haga crecer lo que está a nuestro alrededor, muchas veces decide hacer crecer lo que está dentro de nosotros. Lo que he descubierto Durante la última década de ministerio, tanto dentro como fuera de la iglesia, uno de los regalos más grandes que Dios me ha dado no ha sido un nuevo principio de liderazgo ni una mejor estrategia ministerial. Ha sido la disposición de examinar honestamente mi propio corazón. Estoy agradecida por los líderes que han invertido en mi vida a lo largo de los años. Me han desafiado, animado, creído en mí y ayudado a formar la líder que soy hoy. Su influencia ha sido un regalo inmenso. Pero, si soy sincera, una de las partes más transformadoras de ese camino no ha sido lo que me enseñaron. Ha sido lo que me ayudaron a ver. Ha habido momentos en los que personas de confianza me han hecho preguntas difíciles con amor, me han compartido cómo algo que dije o hice les afectó, o me han señalado con ternura algo que yo no podía ver en mí misma. Esas conversaciones no siempre fueron cómodas, pero se convirtieron en algunos de los mayores catalizadores de crecimiento en mi vida. He descubierto que una cosa es saber lo que estoy pensando o sintiendo. Otra muy distinta es comprender de dónde vienen esos pensamientos y cómo están afectando a las personas que lidero. Esa realidad me ha llevado a hacerme preguntas diferentes. No simplemente: “¿Estoy liderando bien?” Sino… “¿Hay algo en mí que está influyendo en mi liderazgo más de lo que me doy cuenta?” “¿Hay áreas donde el temor, la inseguridad, el control o experiencias del pasado están moldeando mis respuestas más de lo que reconozco?” “¿Me está invitando el Espíritu Santo a rendir algo que, sin darme cuenta, he aprendido simplemente a manejar?” Ciertamente no tengo todas las respuestas a esas preguntas. Pero estoy convencida de esto: Un liderazgo saludable comienza con la humildad de creer que todavía puede haber algo que Dios quiere revelarnos dentro de nosotros. Y eso no es algo que debamos temer. Es una invitación. Lo que el crecimiento revela Una de las cosas que he descubierto es que el crecimiento tiene una manera particular de sacar a la luz aquello que la comodidad ha mantenido oculto. Mientras la vida y el ministerio se sienten familiares, muchas veces es fácil pasar por alto los lugares donde el temor, la inseguridad o incluso el orgullo han echado raíces silenciosamente. Aprendemos a funcionar alrededor de ellos. Nos adaptamos. Nos sentimos cómodos. Entonces Dios nos invita a algo nuevo. Una nueva asignación. Una mayor responsabilidad. Una conversación difícil. Una temporada de cambio. Y de repente, cosas que ni siquiera sabíamos que estaban allí comienzan a salir a la superficie. Me he preguntado si esta no será una de las mayores expresiones de la gracia de Dios. No que Él exponga nuestras debilidades para avergonzarnos, sino que las revele con amor porque desea transformarlas. Para mí, en ocasiones eso se ha manifestado como temor disfrazado de precaución. En otros momentos, ha sido el deseo de controlar las situaciones porque la incertidumbre me resultaba incómoda. También he descubierto momentos en los que mis propias inseguridades influyeron silenciosamente en la manera en que respondía a personas o situaciones. No fue fácil reconocer esas cosas, pero fueron regalos. Porque cualquier cosa que el Espíritu Santo revela es algo que Él también desea redimir. Eso me ha llevado a reflexionar sobre un pensamiento sencillo, pero profundo: Todo aquello en nosotros que no haya sido rendido a Cristo terminará influyendo en la manera en que lideramos a otros. No digo esto como una advertencia destinada a producir temor. Lo digo como una invitación a la esperanza. Porque el propósito de la convicción nunca ha sido la condenación. El propósito de la convicción es la transformación. Quizá por eso David oró: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón… Ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno.” (Salmo 139:23–24) David no estaba invitando a Dios a decirle algo que Dios aún no sabía. Estaba invitando a Dios a revelarle algo que David todavía no podía ver. Cada vez estoy más convencida de que esta es una de las oraciones más valientes que un líder puede hacer. No porque sea fácil. Sino porque crea espacio para que el Espíritu Santo haga Su obra más profunda en nosotros antes de pedirle que haga Su obra más grande a través de nosotros. Una invitación Al comenzar juntos este camino este año, no sé para qué puede estar preparándote Dios. Quizá está abriendo una nueva puerta. Quizá te está pidiendo que lideres durante una temporada de cambio. Quizá está ampliando tu influencia de maneras que nunca imaginaste. O quizá la obra más grande que Él quiere hacer no está a tu alrededor. Quizá está dentro de ti. Al reflexionar sobre mi propio caminar, me he convencido de que un ministerio saludable no comienza teniendo todas las respuestas correctas. Comienza con la humildad de colocar continuamente nuestro corazón delante del Señor e invitarlo a hacer lo que solo Él puede hacer. La hermosa invitación del Salmo 139 no es simplemente ser conocidos por Dios. Ya lo somos. Es presentarnos voluntariamente delante de Él y decir: “Señor, si hay algo en mí que me está impidiendo convertirme en la persona que Tú me creaste para ser, confío lo suficiente en Ti para que me lo reveles. Y confío lo suficiente en Ti para que lo transformes.” Esa es la esperanza del Evangelio. Dios nunca revela algo simplemente para exponerlo. Lo revela para poder sanarlo. Al comenzar esta temporada de Llamados a Crecer, mi oración no es simplemente que nos convirtamos en mejores líderes. Mi oración es que nos convirtamos en discípulos más rendidos. Porque un ministerio saludable nunca ha sido el producto de líderes extraordinarios. Siempre ha sido el fruto de personas comunes que son continuamente transformadas por un Dios extraordinario. Así que antes de pedirle a Dios que haga crecer nuestras iglesias… Antes de pedirle que amplíe nuestra influencia… Antes de pedirle que bendiga la obra de nuestras manos… Que primero podamos orar las palabras de David: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón… Guíame en el camino eterno.” Y con las manos abiertas, que simplemente podamos decir: “Señor, hazme crecer a mí primero.”

  • Presencia que Genera Confianza

    Este último mes estuve conversando con un líder sobre algo que muchos estamos percibiendo:muchas personas en nuestras comunidades, en cierto sentido, ya están “cansadas de la iglesia.” No necesariamente de Dios. No de la verdad.Sino de sentir que siempre se les está pidiendo algo. En esa conversación compartí algo que ha estado creciendo en mi corazón: ¿Y si nuestra meta no fuera primero invitar, sino estar presentes? Que nuestras vidas, nuestra constancia y nuestro testimonio hablen antes que nuestras palabras. Él me respondió con una historia que no he podido dejar de pensar. Cuando estaban pastoreando, se dieron cuenta de que habían perdido la confianza de su comunidad. No comenzaron con un nuevo programa ni con un gran evento. En lugar de eso, durante 12 semanas, la iglesia se reunió cada sábado por la mañana para recoger basura en su vecindario. Sin volantes. Sin invitaciones. Sin mencionar la iglesia. Solo presencia. Solo constancia. Solo servicio silencioso. Semana tras semana, llegaban, saludaban, limpiaban y se iban. En la semana 13, todos usaron camisetas con el nombre de su iglesia. La comunidad quedó sorprendida. No podían creer que era la iglesia—el mismo grupo de personas que había estado sirviendo fielmente semana tras semana sin pedir nada a cambio. Y poco a poco, algo comenzó a cambiar. Las barreras cayeron. La confianza fue restaurada. Y con el tiempo, comenzaron a ver fruto—no porque lo forzaron, sino porque prepararon el terreno. Las iglesias saludables no solo alcanzan a sus comunidades—se dan a conocer por ellas. No por lo que piden, sino por cómo sirven. Mientras seguimos avanzando en nuestra visión de Ministros e Iglesias saludables que se multiplican en cada comunidad , recordemos:la presencia construye confianza, y la confianza abre corazones. Un Desafío Sencillo ¿Cómo se vería que tu iglesia esté presente de manera constante en su comunidad? No solo por un momento—sino por una temporada. ¿Cuál es un lugar donde pueden estar presentes regularmente? ¿Cuál es una necesidad que pueden suplir de manera constante y silenciosa? ¿Cómo se vería servir sin esperar nada a cambio? Porque a veces, la invitación más poderosa…no se dice—se ve.

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