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Una Iglesia Saludable Se Conecta

Al comenzar un nuevo año, estamos afirmando intencionalmente los valores que forman ministros e iglesias saludables. Este mes nos enfocamos en una verdad sencilla pero poderosa:

Una iglesia saludable se conecta con Dios, con nuestra familia y con nuestras comunidades.

La salud siempre comienza con la conexión con Dios. Cuando la oración, la adoración y la Palabra permanecen en el centro, la iglesia se mantiene alineada con el corazón de Cristo. Incluso las prácticas espirituales pequeñas y constantes producen un impacto duradero.

El paso sencillo de este mes: animar a los líderes o a la congregación a apartar cinco minutos adicionales cada día para la oración o la lectura bíblica. La constancia fortalece la salud espiritual y abre espacio para que el Espíritu Santo guíe.


Las iglesias saludables también dan prioridad a la conexión dentro de la familia de la fe. Las relaciones no son opcionales; son esenciales para el discipulado y la salud ministerial a largo plazo. El crecimiento ocurre cuando las personas se sienten conocidas, valoradas y apoyadas.

El paso sencillo de este mes: conectarse intencionalmente con una persona o familia cada semana, ya sea con una nota, un mensaje, una invitación a tomar café o una palabra de ánimo. Una conexión intencional puede fortalecer la unidad y renovar la esperanza.


Finalmente, una iglesia saludable se conecta hacia afuera con su comunidad. Somos llamados no solo a reunirnos, sino a salir—amar, servir y compartir la esperanza de Jesús más allá de nuestras paredes. La fe se hace visible a través de actos sencillos de compasión.

El paso sencillo de este mes: elegir una acción pequeña de servicio que la iglesia pueda realizar en su comunidad. Orar por una escuela local, servir a un vecino, colaborar con una organización local o simplemente preguntar: “¿Cómo podemos orar por usted?”


El crecimiento saludable rara vez ocurre en un solo momento grande. Se forma a través de pasos pequeños y fieles practicados constantemente. Al permanecer conectados con Dios, entre nosotros y con nuestras comunidades, la salud crece—y las iglesias saludables se multiplican.

Este enero, comprometámonos a vivir vidas conectadas, confiando en que Dios usará nuestra fidelidad para hacer mucho más de lo que podemos imaginar.

 
 
 

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